24/2/18

Poema de Lucía Carmona




LA AMANTE

He amado tanto, tanto
que soy un albañil
uniendo los ladrillos
del día y de la noche
hasta alcanzar un punto
de vegetaciones celestes.

Es solamente
recorrerme la cara
con los dedos
para desconocerme
y extraviarme.

© Lucía Carmona

Poema de Carlos Alberto Roldán





Una mirada. Y luego otra,
Que es de desconfianza.
El rito ha sido cuestionado y ya en sospecha vienen
No uno sino varios
Y examinan al fugitivo en ciernes, al traidor en ciernes,
Al futuro desencadenador de la masacre.
Porque hay un punto en que ya desaparece por fisuras
Toda inocencia blanca.
Un aletazo de ave inesperada
Taciturna negra
Una no entrevista figura disuelta
En un pasillo alto de la noche.
Se apagarán todas las luces. Luego
Con la recurrencia del mar contra las piedras
Primero habrá gemidos
Luego gritos procaces.
(Muchos ensayan su metamorfosis fallida)
Desde la distancia
Sirenas ululantes buscan el puerto
De luces encendidas.
Más gritos, más gemidos.
-¿No duermes? –pregunta con sonrisa de oficio
Con sorna que encubre su rutina agorera
La mujer de blanco.
Justifico:
-La voz que resonó en el pasillo.
Un sueño.
He dormido un siglo
Pero ya
No me queda otra que seguir durmiendo.
No convencida se va.
Es probable que vuelva
Y que mida mi pulso
Así como una samaritana
Que ofrece su cuenco.

© Carlos Alberto Roldán

Texto de Vanesa Almada Noguerón




trasbordo

Golpean la puerta se ve que para guardar cierto protocolo, o porque saben bien que se las voy a abrir de todas formas. Entran. Mientras una se mete para adentro, la otra no pierde el tiempo y se acomoda a los pies de la cama, como trabándome el andar, como apretándolo. Y ahora me dicen que tal vez convenga estarme quieta, próxima a un rincón cualquiera de un momento cualquiera.

y en esta cueva de falsos inviernos también se puede aprender a llorar
debajo del miedo,
debajo de las paredes húmedas,
con nuestros nombres escritos en forma de templo;

La que está adentro me decapita los ojos, para que una parte del llanto se me quede en la garganta. La que está afuera simplemente observa, mide, toma unos absurdos apuntes que prefiere (siempre prefiere) no mostrarme, no mostrarnos. Y ahora me dicen que tal vez sean nuestros los roces de los cuerpos, los pasos que fuimos aprendiendo a dar hasta la puerta.

ya se va el puente que ninguna de las dos se va a atrever a cruzar;
se ahogan los sobres que envuelven nuestras cartas
y nuestras vergüenzas,
y sus gritos se tragan ambos pedazos de la noche;

Muy en el fondo, nos entristece un poco saber que ninguna se va a tomar la molestia de presentarse, que nos conocemos de sobra. Todas ellas y todas nosotras. Y ahora me dicen que tal vez se queden. Algún tiempo. Otro tiempo.


© Vanesa Almada Noguerón

Poema de Silvina Vuckovic





PUERTO 

Abrevo de tus ojos
como quien mira, despeinado, el mundo
como si detrás del mar hubiese nada
más que mar.
Y es, sí, el de tus ojos
desagravio de un dios que los ofrenda
en el altar
          de mi fe a la deriva.

Las vidas son tan cortas
cuando se ganan…


© Silvina Vuckovic

Poema de Mónica Angelino



silbando

bajo tu amparo 
mi herida 
en tu pelo misterioso 
seré rayo haciendo nido 
si me quisieras 
un día.


© Mónica Angelino

Poema de Raúl Feroglio



Un día

Un día es un día
y sólo un día
más allá de los duraznos luminosos
y del óxido marino
un día es un día
y sólo un día
una vuelta cósmica galante
un reventón de capullo en el color de la tristeza
un día percute los parches del insomnio
y acelera amaneceres si te espero
sólo un día para ver
entristecer la copa del ausente
y multiplicar la canción que está naciendo
un día es sólo un día
donde suenan los ecos de lo que sobrevive
la bolita entrando al hoyo de la tierra
el barrilete estrella de la tarde
las tumbas que no visitamos
el óleo santo y el aceite en la ensalada
sólo un día
un giro redondo entre lo inmenso
paso de baile de los astros
despertar dormir despertar
nacer y morir entre bostezos

© Raúl Feroglio

Poema de Graciela Corrao



anatomías

me siento a escribir poemas
en un bar donde conversan
sobre campos y pisos
de porcelanato

en la boca del subte
un hombre sin brazos ni piernas
mira pasar hombres
sin corazón


© Graciela Corrao

Poema de Ivana Szac




CIUDADANOS 

Apuran el paso
en las veredas
no miran al otro
empujan
para pasar primeros 

la locura
los enceguece 

desean llegar a sus casas 

encender las estufas
disfrutar de un cigarrillo
caminar descalzos
acariciar al perro 

quieren olvidarse
de la ferocidad del día
que ataca
como un tigre hambriento 

la ciudad los envuelve
con su red mortífera 

a veces
es necesario huir
(lo antes posible) 

para abrazar a alguien. 


 © IVANA SZAC
Imagen enviada por la autora del poema



Poema de Rolando Revagliatti





No porque 

No porque busque el halago fácil
soy fácil

ni porque sea complaciente
complazco

No porque sólo me tengas a mí
te tengo.


© Rolando Revagliatti

Poema de Mónica Aramendi





Escribo en la noche,
sobre la noche.
Escribo la noche.
Me animo a mirar
lo que la luz oculta.
Emborracho la mano
de figuras sin rostro.
Edifico vidas
para que amanezcan
en el semblante
de todos los olvidados.


© Mónica Aramendi

Poema de Laura Elena Bermúdez Tesolín





Desaparecer aun estando.
Estanco,  el sitio inadecuado.
Inmóvil.  Estúpidamente me pasan los años,
La vida…
Los afectos son como pesadas raíces
que me adhieren a este suelo.
Pero yo vuelo lejos, a lugares donde
he estado, a los cuales no pertenezco,
pero siempre regreso.
Antibes ciudad amurallada su silueta
Se recorta sobre la costa Mediterránea
He respirado de tu aire, y me he sentido embriagada.
Suelto las amarras de este arraigo
en los diseños de Pablo Picasso en Vallauris
donde habitó su genio de líneas y colores.
Y transito por sus callecitas estrechas
llenas de potiches.
Estoy sin estar, porque he volado muy lejos.
Si la indiferencia hunde su puñal y soy ausencia
 esto ya no lastima, ni duele.
Me baño en aguas salinas y milenaria.
Tal vez recuerde no sin nostalgia los acordes
de un viejo bandoneón,
que talló en mi memoria  una  vieja lágrima
que el tiempo secó,
o una chamarrita costera, me devuelva el paisaje
de Juan Arancio.
Permanecer sin estar cerca,  tomando prudencial
Distancias,
para abordar otros lugares,
 y soñarme  ave y canto.


© Laura Elena Bermúdez Tesolín

Poema de Mariano Shifman



ENTRECRUZAMIENTOS                               
                                   
Cuando en mi ser interno me concentro,                                 
 no me escindo del clima o del paisaje;                                 
soy en ellos -diré que el epicentro-,                                 
también con otra pose o nuevo traje. 
                                 
¿De dónde he de escribir sino de adentro,                                  
aunque ceda la voz a un personaje?                                  
¿Es posible eludir el arduo encuentro                                 
con nosotros, los otros, el lenguaje?
                                  
Espectador del orbe y subjetivo;                                  
yo en los demás y los demás en mí:                                  
soy lo que ven y soy lo que percibo. 
                                  
En la fusión del Todo con mi mente                                  
el futuro se espeja en lo que fui                                   
y el pasado se expande hacia el presente. 

                                             
©  Mariano Shifman

22/2/18

Poema de María Teresa Andruetto


  

Tedio

Junto a los Tintoretto y los Veronese
una mujer con aros sueltos de plata
                                       bamboleando
sus zapatos de taco, hace
crucigramas.

Frente a la Annunciazione de Simone
Martini un guardia joven hojea
La Stampa.


© María Teresa Andruetto

Poema de Jotaele Andrade





He aquí la uva para el vino de todos tus días

quién plantó esa vid
y quién la ha regado
acaso no importe

importa que has estado en un vientre
al que has hinchado
como la muerte hincha
el vientre de los muertos

importa que gime tu existencia
cuando canta

y gimen las expansivas corolas del asombro

y es una copa inútil la memoria

y cómo ha crecido
a través de los años y la sombra
a través del fuego y del azufre

acaso es un misterio

pero he aquí
la uva para el vino
de todos tus días

es tu pie
quien la aplasta a cada paso


© Jotaele Andrade

Poema de Bibi Albert





PALOS Y CASCOTES

“… acaso cuando más lo necesite, este hombre se irá y yo ya no sentiré
esos suaves paraguazos que me hacían dormir tan profundamente.”
Fernando Sorrentino

Los poemas se componen
de diferentes cosas.
Éste es un poema construido
con palos y cascotes.
Es un poema altísimo pero no por su vuelo
sino por estos palos y cascotes
que lo elevan
como una montaña
que no me deja ver del otro lado
(sería lo de menos:
no sé si hay otro lado).

Cuando empezaron
en mi vida
los palos y cascotes
los embolsaba, los tiraba en los volquetes,
los quemaba, los pateaba,
esperaba que viniera el basurero
y los sacara de mi vista.
Pero fue tanta la insistencia
y tan sisifotélico mi empeño
que me puse a preguntarme
a qué mensaje
cerraba ojos y pasos.

Así fue como me hice acopiadora.
Me obsesioné a tal punto
que, si asomaba y había sol,
me decía: algo anda mal.
Me acostumbré a los palos y cascotes
como el hombre de aquel cuento
que ya no toleraba vivir sin paraguazos.

Los palos y cascotes
me impiden caminar.
Soy mujer apaleada, cascoteada
sin denuncia posible:
cómo mostrar los magullones en el alma,
la hemorragia incolora.

Lo peor es que el mensaje no aparece
o no lo entiendo
o me lo tapan los palos y cascotes
que no dejan de golpearme.
Por qué a mí, me pregunto,
y por qué no, respondo,
pero cuál fue el error,
la ignominia infinita.

Separo palos por color,
cascotes por tamaño,
me invento una ciudad
de chozas y menhires
donde por fin arraigue
pero como no paran
los palos y cascotes de atacarme,
lloverme, despeñarme de mí,
todo desaparece,
no hay historia que emerja.

Sólo el poema
me deja respirar
con su balcón de luz
que ni Dios obstruiría.
Por eso lo construyo
con palos y cascotes:
lo único que tengo,
lo único
que hay.


© Bibi Albert

Poema de Esteban Charpentier



IMPROVISACIÓN

Me quedó oliendo el cuerpo
Ignorados a medias
Los vértigos negros
Que anunciaba el invierno.
Girando en la persecución del incendio
Que inventaron las piedras
Algo se rompió.
Y la resignación lloraba su canto
De imposibles distancias.
Puedo afirmar que no había nada
Que igualara la forma de asomarse de tu nombre
Su volcánico carácter
Su hechizo alucinado
Su ritmo tenso.
Tal vez sólo sea un aroma pasajero
Que simplemente partiría
Si abriera un poco la ventana
O improvisara un viento.

© Esteban Charpentier

Poema de Alicia Márquez



PETRICOR

A veces queremos recordar un perfume,
como el del azúcar quemado que recibía,
mansamente, a la leche y los huevos que
iban a transformarse en el
flan que nos hacía mamá…
como el del bizcochuelo que nos esperaba,
glorioso de vainilla,
cuando volvíamos de colegio,
como el de las mejillas de las tías,
que nos llenaban de besos perfumados con
polvo Coty y lápiz labial,
como el olor áspero de la tinta, cuando la lapicera
se desmayaba y sangraba azul por el costado,
como el olor de las hojas nuevas de los libros, de
los cuadernos, de la madera encerrada
en los sacapuntas,
como el de la fogarata de San Pedro y San Pablo,
como el del cloro de las piletas de natación,
que nos ponía los ojos en compota,
como el del aceite bronceador en las playas
infinitas de la infancia…
y nos pasamos la vida oliendo los recuerdos
queriendo atrapar alguno, una sombra,
una caricia. Y no hay caso. Ninguno es igual.
Sólo uno nos hermana.
El petricor. El olor que queda suspendido antes
y después de la lluvia sobre el suelo seco.
Ese perfume viene de lejos,
fresco, dulce y suave, con una pizca de moho,
ese perfume que nos ensancha el pecho
y que nos pone felices, nos conecta con lo que fuimos,
hace millones de años porque es el que,
a nuestros antepasados les decía que había terminado
la estación de la sequía, y podrían sobrevivir.
Es, ni más ni menos que el olor de la vida.
Inigualable perfume que, por un momento,
nos hace olvidar las tristezas y mágicamente,
nos vuelve buenos.

© Alicia Márquez

Poema de Analía Pinto



sino aquella que rompe la envoltura del tiempo
Olga Orozco

esa quiero ser
la que rompe la delicadeza
con más delicadeza
la que extrae de sus entrañas
gemas para los orfebres del viento
la que lo acariciará de tal modo
que no podrá resistirse
y querrá velar su sueño
morder su carnadura
encender una hoguera perpetua
con las llamas de sus dedos

esa quiero ser
la que rompe las ataduras
y se manifiesta en plena bizarría
en absoluta y femenina ciencia

la que con una sola mirada
le dirá lo que siempre quiso escuchar
pero no se atrevía a pronunciar
al rayo mirífico de sus poemas


© Analía Pinto

Poema de Daniel Tomás Quintana





ARS POÉTICA

Quitarse el cuero,
despellejarse.
Quedar expuesto,
desnudo, despojado.
En carne viva,
huesos al viento,
tripas al aire,
sangre en torrente.
Hundirse en el barro,
meterse en el zarzal
herir las manos
y hasta el alma misma.
Descubrir poesía
en el vientre del silencio
o en el ultimo ladrido
del perro de la luna.

© Daniel Tomás Quintana

Poema de Anamaría Mayol



PRESENTACIÓN
                                                                
mi silencio es peor que las palabras…Waldo Leyva


Antes que  nada soy 
de nacionalidad pampeana-patagónica
habitante  del mundo

mujer lacustre aunque a veces río
nómada
con un bosque  en las venas
y unas fuertes raíces

que  me crecieron pronto
allá por Victorica 

cuando el pampero sucio
navegaba las nubes

y el alazán
obsequio del abuelo
me  galopaba el alma

Antes que nada soy
una mujer calandria
tordo
gorrión o pecho colorado

no importa ya el plumaje
ni el canto
sólo  importa ese vuelo
recortando inclemencias

y estas alas
 a veces desplegadas

Antes que nada soy
una palabra pequeña
deshojada
que  el amor  olvidó en algún sitio

un silencio roído por el viento
una mujer de lluvias


© Anamaría Mayol

Poema de Oscar Perdigón



Hay un silencio incomprensible que nos sondea
un silencio indescriptible que nos sobrecoge

Nos brinda la posibilidad vital
de no saber que pasará
en el próximo respiro


© Oscar Perdigón

Poema de Cecilia Moncalvo





II. Flashfoward ( c e n i z a s ) 

exterior, noche / Avenida Entre Ríos
mujer avanza a paso lento

camina por la vereda desganada
desde una verdulería la radio, un cura dice:
- jesús venció con toda su fuerza a los demonios

en el semáforo, luz roja
un vagabundo escupe el suelo, al panfleto político 
alguien va en bicicleta abrazada a un hombre
cierra los ojos, sonríe

sedienta entra a la estación de servicios
compra un atado de cigarrillos
el vendedor guiña un ojo, cortejos nocturnos

sedienta regresa
exhala una bocanada 
(la radio en silencio)


© Cecilia Moncalvo

Poema de Anny Guerrini



Llueve y la noche es un tango

Llueve
y la calle gris brilla
entre misterios de sombras y reflejos.
Llueve
y la ciudad de las colmenas
enmudece en el espanto.
Cada esquina es una encrucijada
arrastrando el acoso del tiempo.
El llanto de un bandoneón
anuncia el camino del olvido
y la voz aguardiente del Polaco
desgrana la nostalgia del suburbio
que se ahoga en la hondura del asfalto.
Llueve
y las gotas se unen a mis lágrimas.
Cara al cielo
bebo hasta el fondo de la lluvia
y la noche
es sólo un tango en mi garganta


© Anny Guerrini

Poema de Cecilia Glanzmann



ANDANDO

Sé el cambio que quieres ver en el mundo.
M. Gandhi

Te convoco y congrego
desde el acoso de las sombras
a la humanidad entera.

De pie
con la mirada colmada de Luz
sanando los miedos que nos cercan
para sentir el universo de las patrias.

Caminemos hacia el Uno
no miremos atrás.

No seamos estatuas de sal.



© Cecilia Glanzmann

Poema de Francisco José Malvárez



QUE LO PARIÓ! 

   que lo parió!..
que amante de ser ridículo!

   he salido del frenesí de pintar, eso salvaje que abruma!
y me veo: sombrero de paja estilo van gog, chomba hibrida
delantal pinturrajeado, bermuda azul con dibujos de olas celestes
como si fueran de jawai, alpargatas cuadriculadas blanco y negro
pelo largo, flaco, como caricatura de un esqueleto vestido
lentes, cuaderno, lapicera, celular, cigarrillos
y la mesa donde me apoyo, acá en la galería de mi ranch-atteliher…
realmente un perfecto ridículo!!!

   patético!!! todo entre murmullo de pájaros y quejas de teros
en una tarde rara, densa, indecisa
nublado y cálido, soportando la voz de una mina que me saturó
pero es lo que hay… cansado y agitado, ridículamente ambos
ah… y los mosquitos arremeten sin piedad…

   tan ridículo estoy!
que todo se tiñe de ridículo
tarde, clima, rancho, moto, mesa…
y hasta este puto acto de escribir!!!

   que lo parió!..
que manante de ser ridículo!!!


© Francisco José Malvárez

Poema de Graciela Licciardi





y cuando digo tango

digo paredes escamadas
dos cuerpos merodean sus costados
un rumor de sombra sobre sombra
y toda la luz desandando el sudor
perfiles inclinados uno sobre otro
envuelve el hombre a mí, mujer que entrega
toda su posible
bocas enfrentadas que escuchan sus olores
todo al descubierto
y cuando digo tango
universo extendido más allá
digo el asombro
contracciones del sexo
que escupen huesos en cadencia
y la mano de él que se incrusta en mi espalda
vuelan los cuerpos
el círculo amoroso
estira el párpado su total longitud
tensa los músculos la victoria
hay peligro en las miradas               
manos que muerden y apenas tocan
está abierta la luna a medianoche
y un mundo de corcheas y de fusas
es el espacio precario
donde se inventa el cielo
 y el tango cabe en un suspiro

© Graciela Licciardi