21/11/17

Poema de Gabriel Chávez Casazola

  

Los patios son para la lluvia
cuando ella cae despiertan sus baldosas,
abren los ojos del tiempo sus aljibes.

Y entonces los patios cantan.

Un canto hondo,
en un idioma arcano
que hemos olvidado pero que comprendemos
cuando cae la lluvia sobre los patios
y volvemos a ser niños que oyen llover.

Bajo la lluvia todas las cosas son renovadas en los patios
y cuando escampa el mundo huele a recién hecho, a sábado de Dios, a primavera.

El canto de los patios en la lluvia borra el dolor del universo y susurra el dolor del universo
por las lluvias perdidas, por los patios perdidos, por los cantos perdidos,
por ti y por mí que bailamos
bajo la lluvia de Bizancio
arcanas danzas
con movimientos hondos e indescifrables
en los patios de la memoria.

Por ti y por mí que bailamos
que llovemos
que despertamos las estaciones mientras el patio canta

porque la lluvia es para los patios,
esos indescifrables.

© Gabriel Chávez Casazola

Poema de María Lanese


Silencio

Un higo cae
sin duda
de un modo distinto a una gota

la gota cae
haciéndose.

Ambos comparten
 _sin opción_
la forma
el vértigo
el instante de ser
el haber sido.

El higo cae de maduro.

Elijo gota.



© María Lanese

Poema de Javier Saleh


“Pensar que algunos se arrojan para caer:
los vientos no vuelan
(caer es imposible)
la tierra al nivel del hormiguero
es limitarse”

Los vientos no vuelan7

El nudo Borromeo en la corbata de Eric Fromm

(Otro anillo para Dios)

El señor de los títeres
mueve sus venas en la planta baja

por el molinete
pasa un amor
donando sangre sin comillas
a sus primogénitos trapos

hijos invictos de silencio
un silencio de vía
sin trenes a la vista.

Sus manos
son la capital del libre albedrío
donde el sueño se convierte en sólido

y a pesar de los rieles
el maquinista no sabe dónde va

llevar de la nariz
al autor,
quizá,
los dedos
como patria potestad del hilo

los trapos, hermanos menores
de la libertad

saben
que para que el tren arranque
hay que empujarse
solos

no semejan maniquíes
en vías de desarrollo

se dan cuenta
que el maquinista no es pastor de ovejas

aunque ese azar que los vagona
de vagón en vagón
fuera Dios buscando
un mejor titiritero

y trenes
que dejen rieles
por las dudas.



© Javier Saleh

Poema de Sandra Escobar Ginés


De Vienna

Las Tetas de Oro
de Palas
en Vienna
Y esa mirada
Eterna
y Peloponésica
Que subyuga
Chocolate y Tinto caliente
Danubio Blu
Puentes atroces
Ordas de luces navidañas
Perífrasis
Que se completa
Volver a Verla
a vérselas
Volver a Vienna


© Sandra Escobar Ginés

Poema de María Cristina Di Lernia


AHORA

Si voy a desvelarme
que sea ahora
que puedo reincidir en un poema
innecesario, grave, urgente,
fútil como la insania de estos ojos
que apenas llegan a engañarme.
Que sea hoy
porque hay un puerto entre las aguas
del que nadie parte
y una balsa invisible
provocándome
desde el corazón del vino.
Que sea ahora
que los que duermen mueren de nada
de vidas asfixiadas
de sueños acosados por el ego
y la rutina.
Si voy a desvelarme
que sea ahora
que aprendo a contener la respiración
atesorando el aire
sin embriagarme de ninguna voz
que no sea la tuya.
Que sea hoy
porque una puerta está entreabierta
y nadie más hay que la atraviese
y una melodía incierta
nos convoca
a mitad de la noche.
Que sea ahora
que los que hablan mueren de silencio
de días  desnutridos
de manos inmóviles
paralizadas entre la insensatez
y el odio.

                                                                             

© María Cristina Di Lernia

Poema de Norberto Barleand




DESPEDIDA

Juntamos ausencias,   soledades
el infinito abstracto de los miedos.

Era tiempo de paz sin geografía
los aromos sueltan el perfume
y los hijos crecen en el espacio vertical
donde los fantasmas prolongan
                  su canto de amapolas

en la esbelta partitura
de besos que huyen y descansan
en el último escalón de la penúltima noche,

estatuas  donde escaparon las gaviotas
separando nuestros rostros y la sangre.

La distancia cubrió  los días
confusa sensación de compartir
 el vértigo
                       y los sueños que se caen.

Es tarde quizá para ilusiones sin retorno
por resuellos que aun perduran
y  reproches que estrecharon el camino.

Tal vez no haya sido
o acaso brotarán los pétalos sueltos
para unir sin desvelo
las ásperas manos
ese cáliz de rosas

un presagio de intentos
un incierto destino.


© Norberto Barleand

Poema de Mariana Vacs


PATRIA

Tus ojos son mi patria,
el lugar donde regreso
después del destierro.

No hay muerte posible
si me mirás.



© Mariana Vacs

Poema de Sandra Gudiño

  

Llegan al parque antes que yo
cada mañana
de la mano.
Siempre el mismo banco
no saben de Rimbaud
tampoco de Verlaine.
No estudian
                  se ríen.

Pudor celeste pálido
gira
gira sobre su propio eje.

Toda ternura de una
sobre labios rojo Matisse
de la otra.
Escara endurecida
de prejuicios oscuros
el vecino del sexto
no las mira
o casi
aún le estremece
el olor  a fuego apagado
de fulanas sin mengano.

Viven la hondura del instante
son la palabra todavía.


© Sandra Gudiño

Poema de Marizel Estonllo



Decir
Mañana

Tal vez eso
sea
la esperanza



© Marizel Estonllo

Poema de Carlos Morteo



vos ahí afuera

saber que afuera andás por ahí
con ese ondular de pasos cortos
pisadas de alguien que piensa
hace bien a las esquinas
saber que andás ahí
donde la indiferencia absorbe
la mas pobre caricia 
                       un intercambio
buenos días fulamo
nada de chau mengano
todos vestidos igual  de corredores
de horarios
             sin premios y copas
hay cafés, cervezas de artesano
vinos con conjuro escrito al corcho
que garantiza visiones  y éxitos
algún buhonero
              un mago de ojos pintados
el policía impartiendo sermones
pero nada     porque la indiferencia
los hace cables solos
y vos andás por ahí   
                                   eso es bueno
para las veredas  y las calles
para salir y capaz cruzarte



© Carlos Morteo

Poema de Gabriela Rivero



Demente.

Es difícil
descubrir el sutil
comienzo de la demencia
ella solía esconder mis muñecas
lavarles la ropa
peinarlas
sacarlas a jugar
supongo que lo que más deseaba
es que la invitáramos
a tomar el té.



© Gabriela Rivero

Poema de Anny Guerrini



I

Sueña la niña.
Sueña pensamientos de nanas y fulgores.
Una luna en ojiva ríe con los lirios.
Una duda deambula arriba y abajo.
Y en la ardiente lámpara
se suicidan mariposas.

II

Un tumulto de grillos
ultraja las pupilas del rio.
En la penumbra perpetua
ningún gallo anuncia el día.
La niña
prisionera de un sueño con ojos de hiena
borda margaritas en un manto negro


© Anny Guerrini

Poema de Nito Biassi

  

Con los ojos cerrados

Con los ojos abiertos
imagino fantasmas de anhelos,
que tienen tu cara, tu pelo.
Me quedo colgado en tus parpados,
inventando que tu alma es un río
que puede apagar mis infiernos.
Con los ojos cerrados
sueño que el tiempo
es una calle que construimos,
cada uno desde su vereda;
un gran camino
con dos sentidos.
Con los ojos abiertos
te miro, mujer única y bella,
tan humana en tus defectos
como en todas tus virtudes,
y me ilusiono, con verte crecer
siempre creadora y libre.
Con los ojos cerrados,
se que cuando los tenga abiertos,
tu vas estar como siempre,
sólo no va a poder ser,
porque es mi deseo,
que tu piel sea mi abrigo.


© Nito Biassi

Poema de María Fernanda Regueiro


No hay nada
que se plante

no es la ciudad
la que sujeta

es el cuerpo
que funda
arma
oprime

todo lo que soy
está del otro lado de mí



© María Fernanda Regueiro

Poema de Miguel Ángel Ferreira


BREVE

El breve paso de la mañana
Es un sueño de color rosa
Un parpadeo azulino
Entre ómnibus de ruedas desinfladas

Glamorosas las palabras
Ascienden en espiral
Desnudando sentidos
Y la caricia es nube silente
De ti.

Me espera una tarde
 De ojos de lagarto
Silencios entre ella y yo
En el ventanal
La tarde girara sus ojos
Se mira hacia el anochecer
Y los ojos del Lagarto
Parpadeando en el Teyú Cuare.


© Miguel Ángel Ferreira

Poema de Laura Elena Bermúdez Tesolín


Hable en muchas lenguas
atrayentes
y descubrí el hilo de la comunicación
en lo más profundo
del silencio.


© Laura Elena Bermúdez Tesolín

19/11/17

Texto de Luis Luna




Más allá de tu muro no hay lenguaje. Sólo sílaba rota. Vientre de pájaros.
Y sangre. 


© Luis Luna

Poema de Susana Giraudo


ATOMIZADO

En el comienzo
el tiempo
se nos entrega íntegro
en las manos
como una bandera
de combate.

Pródigo escindido
acaba atomizado.

Multiplicidad
esparcida
en un desierto
sin historia.


© Susana Giraudo

Poema de Andrea Farchetto

 


espero
esperar,
es
caer
a la hora insomne
de una decepción
que se burla
procaz
en cada
centímetro
de la demolición
de uno mismo
espero
un rayo de sol
enfermo
durante
una tormenta
que no arrecia


© Andrea Farchetto

Poema de Eduardo Alberto Planas


La niebla invade,
cubre cada intersticio de tu cuerpo,
de tu alma y de cada roca del lugar.
Todo es blanco, nada reluce.
Ni flor ni maravilla.
Todo igual de frío y lúgubre.



© Eduardo Alberto Planas

Poema de Alicia Pastore

            

uno  escribe su vida 
como si fuera el pasar
de un carro
llevando unos trastos,
sus logros,
si los hubiera,
y sus miserias, que las hay,

uno busca un romperse
de las olas
y escarbar en el misterio
que trae desde el fondo
ese océano 

uno traga luz y sombra
sin pausa
como días y noches
sin ver el abismo
que se ensancha

uno cree
que hay un túnel
y  lo espera mientras ríe
o un dolor lo atraganta

el asunto es
que no se trata de un túnel,

la cosa es que uno Salta,,,



© Alicia Pastore

Poema de Raquel Jaduszliwer


El hombre de tu vida

¿Cuándo?
¿cómo supiste que se trataba del hombre de tu vida?
¿supiste que se trataba del hombre de tu vida?
¿tenía las señales
los estigmas
y lo reconociste entre los miles de hombres?

o fue todo más raro
más oscuro

así
como esas intuiciones de recién nacido
que a tientas va eligiendo y que se orienta
entre el calor y el frío
la fuente de alimento y la desgracia
el amor y la furia
el jardín y el desierto

y crece de esta manera
y aprende todo aquello

todo lo que después
mucho después
será dolor

memoria
y pérdida.

                                      

© Raquel Jaduszliwer

Poema de Walter Mondragón




LA MEMORIA DE LOS AUSENTES

El corazón es una fosa común;
aquí yacen, en sepia, mis mayores
iguales,
y menores:
mi primer amigo Jorge Eliécer...
      (primero se conocen amigos)
mi primera novia Janethcita
     (dijeron que había muerto de comer mango biche)
Después fue mi abuelo José Dolores
que me legó su arte de contar y su ternura,
mi abuela Mercedes
      (cucaracha de iglesia)
que me legó su fe en Dios.
Y María mi madre, o el amor incondicional, el decoro y la dignidad
y Homero mi padre o el valor y sentido de la responsabilidad;
Están también mi tío Fabio, el adonis, el tahúr, el filósofo
y mis tías Alba, la dueña de la finca;
y Marielita, la menor que amaba las artes y era mi cómplice
y Aura, la garza guerrera que duró cien años...

Y desde luego, están mis primos: Liliana, a quien no conocí, habiendo muerto
de un ataque de lombrices, antes de cumplir los tres,
cosas del atraso (...tú lo sabes!)
Darío, Alfredo y Omar López Pérez, abogados
los tres asesinados en ejercicio del derecho,   
y Nercy Giomar, la hija póstuma de Omar el tío de dos metros
muerto de un tiro en el entrecejo hecho por un "Pájaro"
    (en la Violencia, de los años sin cuenta)
ella sí, de muerte natural
   (todo un privilegio en mi país, ya ves)
Y después está Leonel, un compañero de estudios
militante de izquierda y atrozmente desaparecido hace años,
y tantos más que aguardo desde la memoria de mis sueños;
y Jaime Sanabria, el poeta, que murió ayer porque tenía
el mango grande y muchas ganas de cantar a coro y vivir
                      (como cualquier condenado)
Y los dosmil compatriotas desenterrados esta mañana
que yacían en una fosa común,
caóticamente acumulados unos sobre otros,
asesinados por Caín...
                  (Habría que ver la foto)
a quienes no conocía, pero igual pesan en mi pesadumbre.

Y los que seguirán siendo arrojados en la memoria
del corazón:

Esa fosa común.




© Walter Mondragón

Poema de Ana Romano


Cigarro 

Ligado
a su demencia
lacera

mientras es contemplado
por el aullido.




© Ana Romano

Poema de Silvia Loustau


  IV 

Anclada en  vos 
el mundo gira 
desvaneciéndose 
con prisa. 
Continua la espera amor

                                             

 © Silvia Loustau

16/11/17

Poema de Susana Cabuchi


EXILIO

Al cerrar el negocio
mis padres
se sentaban en la vereda
del Panamericano
a mirar el desfile.

Mi padre sonreía
con la misma serena tristeza,
repetida,
tantos años después,
en la fila de cajones
abiertos hacia el crematorio,
más oscuro, con los párpados quietos,
entero, intacto,
              esperándome.
Así dio su perdón,
              así recibió el mío.

Acompañaba la fiesta
con la mirada suave
del que ha danzado, inocente,
sobre los barcos del exilio.

Cuando pregunté
en el Registro de su país
la íntima caligrafía
sentenciaba “desertor”.
Cómo explicar
que tenía dos años al partir,
que nunca se había ido,
que cada mañana
ascendía las calles amarillas
de Maalula
mientras levantaba las persianas.


© Susana Cabuchi

Texto de Leonardo Vinci


No sabés las veces que lloré; así te lo digo, de hombre. Me quedaban los ojos chiquitos y como florcitas de acacia. Yo casi verde en la sombra obtusa de un rincón, boqueando la geometría incoercible que la tartamudez impone a la respiración. Y el tiempo sin mensuras ni atisbo, detonaba cíclicas granadas de palabras vengativas en la boca, mientras que mis brazos eran disputados por dos potros aguerridos del color de la lluvia. No sabés cómo maldije, a nadie, al aire, al mundo mudo; y cómo detesté por primera vez cualquier sonido, tampoco quería escucharme . Me volví tosco repentinamente; entendí, asentí con la cabeza, lo rudimentario que uno puede ser. No sabés las veces que lloré, se convertía en adicción; lloraba por mí, por algo sin explicación, una canción sin palabras. Esa música, esa instancia, estaba en ese rincón junto a mi, mientras el mundo se hinchaba y crecía como un fermento que apenas podía ver; el aire se hacía opaco, niebla, pero eran los ojos, lo que uno hace con los ojos. Cuánta maldita poesía, sobre una mesa, en las botellas, andando lenta como corazón de animal dormido.

© Leonardo Vinci


Poema de Sandra "Tana" Pasquini




Debajo del vestido
llevo apretadas las siete letras de tu nombre
igual que se lleva a un muerto
bajo el peso agobiante de Febrero
te llevo anclado a la cadera
ungida tu frente con mis sales
con mi sed remota
en mi boca se agita un animal oscuro
un presagio impostado en la voz.
regurgito las palabras sobre la mesa
no se pronunciar el nombre de los días
me quedo dormida sobre los huesos de tu pecho
y sueño que han matado a alguien igual a vos
en un oscuro cuarto de hotel
me despierto creyendo
que son tus manos
las manos del muerto en mi pelo
presiento tus dedos bajo mi falda
como se presiente al ladrón
en la oscuridad agazapado
 la carne se abisma sin respuesta
los animales del miedo mastican pedazos míos
y afuera todo lo que llueve
es tu voz
contra los cristales de la casa.


© Sandra “Tana” Pasquini

Poema de Francisco José Malvárez




ESCRIBIR AHORA 

   escribir, ahora, desde abajo del golpe
y haber golpeado sin intención, por accidente o destino, es duro
y no hay cielo que quiera más que sus ojos brillantes mirándome
y pasan los desaciertos y se nublan
así andamos como dos tontos tanteando en la neblina
es duro escribir ahora…
y más me doy cuenta cuanto la necesito!!!


© Francisco José Malvárez

Poema de Claudia Tejeda


Mentira
                            
                  El Jazz pone en circulación al mundo 
                                   Ramón Gómez de la Serna                                                    
                                                                                      

Era la hora del jazz
de bajar las luces de la casa
para que brillara la música
luciérnaga gris desde el Zenith a válvulas.
Entonces la pobreza se olvidaba por los pies
y sacudía sus empeines endiablados
marcando en clave morse
un ritmo de elefantes.
La sangre soñaba un pan de colibríes
o unos zapatos de lujo
para deslizarse en los espejos del suelo.
El hombre de la silla estaba lejos
con su barba de días pero recién afeitado
el uniforme de trabajo, terciopelo en las solapas
húmedos los ojos y la reverencia
ante la trompeta de Miles.
Ella en cambio, cerraba los ojos
para que nadie viera sus sueños
las lágrimas derramadas hacia adentro
el jabón federal rascando el washboard
era percusión de libertad bajo las uñas.
La niña imitaba el codo actuado
de la muchacha melancólica en la pantalla.
El gesto obsesivo de apretar la boquilla y aspirar
desde una boca excesivamente gris.
Todo su guion era sólo un hilo de humo.
De fondo el piano afilaba unos dedos
y las siluetas se dislocaban
buscándose para bailar.
Ellos no tenían mucho
pero lo tenían todo.
Y eran negros a contraluz los tres
sonriendo en la infelicidad.

El jazz es como la poesía cuando miente
y refulgen en sus acordes
calabozos de música
que también suenan
como puentes de fuga.

© Claudia Tejeda