11/7/17

Poema de Raquel Jaduszliwer

                              
Estampa

Su cabeza se erguía
sin embargo
un movimiento interno la empujaba hacia el fondo
hacia el perpetuo hundirse de las cosas en los ríos alternos

quizá por eso yo la veía despeñada
en caída libre
dolor ignoto
precipicio
andarivel ausente en que se abisma un padre

su cabeza se erguía sin embargo
y así
como una estampa hecha de turbulencia
quedó clavada la perpetua lanza
y el filo de la luz desesperada y bella

y ya es recuerdo mi propio pensamiento
y es corola de sombra y de la luz alzada
en el espejo súbito de la vieja memoria.


© Raquel Jaduszliwer

Poema de Gisela Galimi


Concretamente

Estar del otro lado
ver la forma
y no sentir el fondo.

Desplegar la falda azul
de la alegría
en contadas ocasiones.

Este arduo deber
y esa fantasía realizada
serán, al final,
las peores arrugas.



© Gisela Galimi

Poema de Alejandro Méndez Casariego




La luz del mundo

Se abría la luz del mundo
el latido en sordina de las cosas
que empezaban a ser
el fluir de la sangre entre los ojos
la aspereza del aire
la semilla de la voluntad que se abría paso
entre lo incomprensible
sin otra referencia que una mano
limpiándome la frente
Y entonces, como un río que desborda
el saber
el reconocimiento
los objetos. Pura apariencia.
Todo está aquí como ese día
no ha cambiado
mi comprensión del mundo
aún me muevo a tientas
sigo intuyendo, revelando de a poco
interpretando indicios en la bruma.
Todavía me desplazo entre los hechos
desnudo y germinal
como al principio. 


© Alejandro Méndez Casariego

Poema de Marita Rodríguez-Cazaux

                                          
                                   
  
POR AQUÍ TE AMÉ EN AZUL

Callado pensamiento de cobalto,
vértice de la vida
en bosque blue.

Apenas desguazado en añil, 
estío silente
de pasiones azul Francia.

Afilado sesgo índigo,
desvainado
sobre mi cuerpo.


© Marita Rodríguez-Cazaux

Poema de Amalia Mercedes Abaria




EL COLOR DEL SUFRIMIENTO
                                  
Sí, el sufrimiento está allí,
sin ningún color, o señal, o aviso.
Quizás sea un gris, como un lento luto de piedra
o un violeta descascarado, o el no color
                           del mundo subterráneo.
El sufrimiento viene,
invade el corazón con sus negros cuerpos
despiadados.

El sol no está
el sol se ha ido con tu muerte
y se ha llevado todos los colores
y una sombra de papel gigante
huye hacia el fondo, hacia la penuria del mármol.
Dónde están, dónde están los colores?
el verde, el rojo, el naranja?
Con los dientes de la despedida?
Con la hoja seca de la noche?
O en los juncos abandonados en la orilla del dolor?
Ya no verás el cielo, desde tu ventana,
la luna clara, abierta, palpitante,
esa luz de abanico blanco que tanto,
                                              tanto amabas.


© Amalia Mercedes Abaria

Poema de Leny Pereiro


 


DESAFÍO

Si cayeras
en lo profundo de mis ojos,
te perderías...
Pero no de amor...
Transitarías vacíos vericuetos
que no llevan a nada
Sinfines que se enroscan turbios,
estériles...
Áridas llanuras,
yermas…
Desnudas de entusiasmo...
Si cayeras
en lo profundo de mis ojos,
te perderías…
Y no de amor...
Te lo aseguro...
Pero si te animaras más...
Si sortearas las oscuras cimas,
los gélidos valles,
las arenas expectantes.
Tal vez, me encontrarías...
Latente.
Escondida entre los pliegues
de una bruma opaca.
Viviente.
Quizás entumecida...
Pero cálida...
Si atravesaras el agobio,
el hastío...
La turbadora vastedad.
Y desoyeras el lamento hiriente.
Tal vez, me hallarías...
Inquietamente pequeña
Estremecida por un fuego infame.
Frágil
Quizás doliente...
Pero aún entera...
Si cayeras
en lo profundo de mis ojos,
te perderías...
Y no de amor...
Pero sólo hasta el encuentro...


© Leny Pereiro

Poema de Gladys Cepeda


Actos repetitivos

la ira es
perderse en la memoria que mastica cerebros
 con música de fondo bulliciosa
como una bocanada de negros estertores
 levantarse y caer
pero no es acto eventual
es una  sensación
 es detenerse
frente a  zarpazos  evolutivos de zozobra
percibir como se  cubre de  péndulos
nuestro caletre
por eso la baldadura
y la incomodidad que nos  empuja
simulamos el descenso
para consumar el empíreo
fuente con  columnas de un angosto corredor de aire ambarino
echado entre el voluntariosos musgo 
que nos estira los músculos
hasta que las nervaduras resistan
y dejen de llamarnos
profanadores  constantes


© Gladys Cepeda

Poema de Carlos Alberto Roldán


lee
no entiendo qué le pasa al texto
cuando sus ojos celestes se deslizan como una tiza de luz

antes ha apoyado su vista en la ventana, cuya cortina se ha corrido
para que el sol entre sin retiscencias

habría árboles y pájaros
música en el aire
oro de la tarde de invierno
una última hoja de la acacia que un fanático intentó mutilar

lee

y no sé cómo escucho al mar contra el acantilado
la montaña se abre sobre el pueblo entero
llueve y tras de una colina está radiante la Bahía de Guanabara nocturna

lee

y ahora sus ojos miran asombrados mi mirada detenida

sonrío y evito las palabras:
nada detenga su disparo de luz al mundo


© Carlos Alberto Roldán

Poema de Lucía Serrano




MISERIA DE LO HUMANO

Hubo una vez un hombre
que solitario caminaba
por los rostros ardientes,
y hubo otros hombres
que nunca caminaron,
volvieron sumisos
a los rayos de un sol
que nunca hubo.
Antes y después
hubo muchos hombres
que vendieron su ser
en cualquier puerto
y nadie esperó
que llegaran,
y nadie supo
que existían.
Pero hubo hombres,
seres alados
que un día
se fueron
para no volver jamás
a esa miseria
de lo humano.


© Lucía Serrano

Poema de Elena Eyheremendy



                                                                                                                                                                                                                                           
Cómo decir no decir

¿Cómo seguimos escribiendo después
de un dolor que nos llora todavía las Hojas
con suavidad de Lluvia,
imitando el canto amarillo del Otoño?

¿Cómo decir o casi no decir –nombrando apenas–
aquello que hace señas más allá del lenguaje
y fabrica tejidos con la sintaxis mística
de la naturaleza?

¿Cómo decir y tan quedito
lo que dice tu suave voz naturalmente humana
con tonos de sensual porteñidad
e intacta ternura?



© Elena Eyheremendy

Poema de Vilma Sastre


Voy por agua

voy por agua
me alejo
detrás
mi casa
mis
pertenencias
a
media voz
dos veces
me ciño
en
hechura
de
pasos
silencio
voy por agua
a ver
la turba
crecer
hasta
ahogarse
atrás
la higuera
el cuenco
en la
mesa
bajo el
testuz
mi silueta
extensa
en colinas
en cúpulas
en cópula
  de orillas
abro
las fauces
  dijiste
  minúsculo
y
bebiste
en la
hendija
de mi mano
  un hueso
  se
  desmorona
mi sombra
crece
voy a
pensar
qué hago
¿escribo?
escribo
cúmulo
de
palabras
revueltas
confundidas
fundidas
en fruición
de resaca
devoro
fronteras
hasta
desbordarme
voy por agua
cada
vez
más
lejos
escalo
el árbol
más alto
me detengo
en
ciertos
sonidos
falta agua
muestro
los dientes
y  cavo
la tierra
solo emana
larvas
moviéndose
palabras
que van
de boca
en boca
muerdo
mi
sombra
llueve
(tregua)
derramo vocales
a la deriva
regresan
impúdicas
los ojos
muy
abiertos
de modo
que
en mis dedos
el
tizne
de
lápiz negro
deja huellas


© Vilma Sastre

Poema de María Marta Donnet


Donde hasta el dolor duele 

Le pido al espejo 
granos de sal 
-sólo unos pocos- 
para llevarlos 
a la boca 
y justificar 
mi existencia.



© María  Marta Donnet

Poema de Marizel Estonllo

  

SIN METÁFORA 

Nos desprotegemos,
la soledad nos aprieta,
moscas embotadas golpeándonos contra los vidrios
en los grandes centros, en estas grandes ciudades

–el mundo está lleno de miedo–, dice el poeta Gonzalo,
mientras múltiples pantallas nos inclinan los ojos
y los ojos se miran tristes en los escenarios urbanos
solamente hay apuro, prisa por ir,
apuro por llegar.

Una paloma enferma corría en la vereda,
había olvidado su vuelo
no la agitaba ya ningún sueño,
de un saxo callejero surgía la señal del dolor
aullando entre los edificios.

Allá adentro, en el ensayo,
la emoción, el juego, la música de tentar
de hacer crecer la imaginación,
probar otras maneras,
danzar lo desconocido
construir otras realidades
hacer un buen refugio de una frase elegida
o cruzar el escenario en zancos verdes
con una guirnalda de flores rojas
eso,
que también se llamaba locura,
remedio o veneno.

Tirados de costado duermen en la calle los expulsados
sobre el frío de su tiempo
por las paredes del violento desamparo.
Las vainas caídas de los árboles
esperan su último acto acumuladas en la alcantarilla.

El otro es un animal congelado sobre la acera.

Se requiere entonces templar aún más la espada
Que su filo se asemeje al poder del hombre
unido al latido sublime del espíritu universal.


© Marizel Estonllo

Poema de Mariano Parente


Two Bennett's
A Diego y Ariel Bennett

Ahora son dos Bennett que nos devoran con su métrica
vienen así a desvestir a la prosa
la rima
a la más casta de todas

detienen el tiempo de la poesía
transforman la voracidad del viento
acaso ahí llegan con sus metáforas
sus lapiceras

tienen la cabeza llena de pájaros
escriben más de lo que aman
y esto lo sé porque también
me sucede a mi

se llevan volando cual orden eterno de diseño
completan con palabras tanto silencio maldito
son los Bennett que llegan
"fly me to the moon" es la señal


© Mariano Parente

Poema de Graciela Licciardi



pan y manteca

todo en orden
de los ojos para afuera
arrebatos en formol
y cuentas claras
un enano enorme
se cuelga de los brazos
y el miedo es un viejo crecido con los años
es perverso este juego
y un aguijón acusa su ternura
en el patio atangado
bajo la infancia de parra
pan y manteca
tardes de azúcar en bicicleta
que llevó cosquillas
halagos vecinos
y rosas aliladas
de un verano cualquiera
ahora estoy en la vereda sonriente
de tus mates padre
solcito que esta noche
me arrugó el recuerdo
para que todo esté en orden
sin embargo
el zaguán de mis ojos                  
se inunda por completo


© Graciela Licciardi

Poema de Alejandra Leonor Parra




Ayer Daniela incendió el pabellón
repiten todas con los ojos  calientes
y el miedo encorvado en las pupilas
Casi nos prende  los colchones,
vinieron las guardias
y la engomaron en admisión

Por eso Daniela hoy no escribe

Usó el papel de las historias que no fueron
para arder los días que faltan
los días que mastican la cabeza
los días que cuelgan
como una pasa vieja
de su celda sin visita


© Alejandra Leonor Parra

Poema de Oscar Vicente Conde


Tiene que doler
como el frio sobre los huesos
tiene que sangrar
por todos los intersticios
tiene que palpitar
como infinitos corazones al viento
palabra que humaniza
gritos que no ensordecen
silencios que dicen
temblor
refugio
salvación
gloria
se llama poesía


© Oscar Vicente Conde

Poema de Alicia Cora Fernández


SORDA, CIEGA Y MUDA 

Hoy decido abolir todos los anocheceres para que mis días se multipliquen. 
Estoy quemándome en tus mentiras, tu pasión y tus fuegos. 
Siento en el cuerpo y bajo estos pies todas las angustias y todas las alegrías. 
Hago de tus mentiras mi verdad y absurdamente le confieso mi amor a una estatua.  
Ya es tarea imposible no caer en el ridículo y en la red que vas arrojando sobre mí. 
Alborozo de alondras con gargantas de campana cantando en arrebato. 
Sus alas destrozan cristales golpeando las ventanas al intentar salvarme. 
Embozo a mi sombra que me espía de a ratos y le impongo un toque de queda. 
Victorioso mi amor, sigue tu ruta esquiva. 
El sendero con vos es una gran autopista graffitada en trazos en futuro.



© ALICIA CORA FERNÁNDEZ
Imagen enviada por la autora del poema

Poema de Marta Zabaleta


MUSGOS EN EL CEMENTERIO

               Al abuelito Ricardo

Cae
la brizna
sobre el musgo

calla
la muerte en su sorpresa

habla
la flor abierta
de mi madre
en duelo

vuela
sin ojos
mi nostalgia
a pisar esa tierra
de olor y de esperanza.

Lo verán
mis párpados
callados:
mis manos
en tu ramo,
acariciando
el alba.

© MARTA ZABALETA

Foto de Yanina Hinrichsen (Enviada por la autora del poema)

20/6/17

Poema de Susana Cabuchi



OFICIO
                                                                                           
Hay horas bienaventuradas:
festejo
las figuras del polvo a contraluz,
el sabor de la lluvia.

Pero hay días oscuros
que aguardan entretanto
con nombres y con fechas.
Entonces
guardo mis muertos
en cajitas de fósforos,
de zapatos, de arroz.
Mis muertos
y mis muertes.


© Susana Cabuchi

Poema de Gabriel Chávez Casazola


La Odisea, libro XVII

Ese mendigo que, estopa en crisma ves llegar,
ese despojo
que Atenea ha vestido
y a quien nadie conoce, ya cerca de casa,
al final del camino iniciado
veinte años ha,
es, sin embargo,
(lo has descubierto con un temblor de tus orejas)
el mismo apuesto doncel que te enseñara
a cazar ciervos y liebres por el monte
en aquellas tardes de libertad
cuando eras raudo y tu cuerpo elástico
y no esta
cosa      
que yace hoy sobre el estiércol
(estopa en pelo, despojo también tú).
Mas, sin embargo,
-con la certeza instintiva que da la amistad
que profesan los de tu especie, no los de la nuestra-
en este alto mediodía eres el solo capaz de reconocer
(ni Eumeo ni Filetio ni tan siquiera Telémaco)
al astroso que llega y menearle el rabo
en penúltima señal de alegría
(veinte años ha el camino)
justo antes de ser a tu vez reconocido,
esbelto galgo de ayer,
por Ulises que retorna a habitar lo que es suyo
y atravesar de parte a parte a los traidores
pretendientes
que te dejaban morir en el estiércol
porque les recordabas
al amigo incómodo que se llevaron
(pero no para siempre, lo intuías)
los mares,
y al que creían ya morador definitivo
de esotra orilla 
donde seguramente nos reencontraremos contigo,
Argos,
en alguna de tus formas y tus nombres
de invariable aunque múltiple
complicidad
con nosotros, pobres hombres,
que no te merecemos.


© Gabriel Chávez Casazola

Poema de María Paula Alzugaray


“Sobre todo, no cometas esta falta:
no digas que tu oído te ha engañado
o aquello no era más que un sueño”.
Konstantinos Petrou Kavafis 

En eso que ahí fue claro

             a Mario Castells 

Recordas Mario
que te paseaba en una camioneta
por esas curvas de junio

que yo llevaba un sombrero gracioso para vos
y que nos reíamos, erizos de sol
trillando la ruta doce
y que avanzamos embobados
en esa instancia
que allí fue verdadera
y exageradamente revelada.

Recordas que me convenciste de cruzar desde Corrientes al Paraguay
que acepté cediendo mi terquedad.
Podes recordar Mario, el olor a aceite quemado
las masitas en la guantera
ese calor tolerable con Los Palmeras
los pomelos arracimados que robamos,
nuestra simetría en relación a las pieles, a la siesta?

Florecíamos en el bienestar de esa dimensión
sin comprenderla aun
pero seguramente.

¿O nada hay de lo que soñamos Mario?



© María Paula Alzugaray

Patricio Foglia


Nunca vi a mis padres darse un beso
ni tuve un hermano que me explicara
cómo eran las cosas. Cuando tenía ocho años,
ellos se separaron
y como parte de la división, mi madre
me llevó con ella al departamento de mis abuelos.
Era el departamento más chico del mundo
una pecera para hámsters,
rectangular y transparente, una cocina,
el living, un baño y el cuarto.



© Patricio Foglia

Poema de Susana Rozas

  

Un silencio 
que golpea 
la concavidad 
de mis vísceras 

donde    ya 

no te encuentro. 

De tus huesos 
perfuma el aura púrpura 
con que gravitaste 
las 
manos 
que en ningún tiempo se fueron.




© Susana Rozas

Poema de Leonor Mauvecin

  

FRENTE  A LA PLAZA 

Frente  a la plaza, hay un lugar
donde la magia ha hecho  maravillas.
Allí soy Alicia en el país del asombro.
“La Juguetería” se llama, y don Garzón sonríe
¿Cuánto cuesta? -pregunto.
Y la muñeca me mira con sus ojos de vidrio
con su ropa de seda.
¿Cuánto cuesta?
Don Garzón sonríe y el bebote llora
su cara es de loza, su boquita  quieta.
¿Cuánto cuesta?
La Singer es  pequeña, colorada y deslumbra.
¿Cose? –pregunto- y bordo en el aire 
con  puntadas menudas, flores imposibles.
Detrás de la ventana  la tarde se oscurece
¿Cuánto cuesta?  -Pregunto
Hurgo en mis bolsillos y ofrezco
                      piedras de colores.


© Leonor Mauvecin