23/1/18

Poema de Ana Lafferranderie




Pocos pasos

Qué poco nos faltaba para ver
más allá de esta calle,
encontrar la precisa dirección de los pasos
dejar atrás la errática confianza
en las flores silvestres.

Qué distancia pequeña hasta soltar
detrás de esa pared la voz privada,
dejar caer  la sábana
elevar lo contrario a una plegaria, los linajes
del alcohol con sus vehículos
la burla de la vida que se mueve, qué fácil
apagar las ideas, desarmarse
si algo despabila, si  una palabra empuja
si se desplaza, simplemente se lanza
como  mancha de vino en el mantel
desprolijo y festivo
el deseo.


© Ana Lafferranderie
Foto: Gustavo Tisocco

Poema de Alicia Márquez


ALMEJAS

A los diez años me encantaba cazar almejas.
Metía mis dedos índice y mayor en la arena de Villa Gesell,
(Guesél, me decía la abuela alemana de una amiga),
metía los dedos en la arena húmeda,
y apenas la ola se arrepentía
¡zas! la almeja era mi prisionera.
No sé si me gustaban tanto como el impulso
primitivo de cazarlas, como si tuviera que sobrevivir,
como si mi vida dependiera de ellas.
Mamá las ponía en un balde, para purgarlas y después
las abría y las colocaba en un frasco.
Mientras tanto, yo me ganaba una innumerable cantidad
de ampollas en mi espalda y todas las pecas del Universo,
pero era la envidiada cazadora de almejas de Gesell.
Gesell está lleno de nazis, decían algunos.
Yo no sabía demasiado del asunto, aunque esa
palabra me hacía doler el estómago.
Sólo que un hombre muy rubio, todas las tardes
y a la misma hora, se ponía una gorra que decía Graf Spee
y salía en su bicicleta como si fuera un barco
por las calles de arena apisonada.
Pero un día, de curiosa, me metí en la cocina del hotel Viena
que estaba bastante sucia, por otra parte.
Allí, el terror. El dueño del hotel, un hombre de dos metros
de alto, con los ojos azules más pavorosos de los que tenga memoria,
mirándome con furia y golpeando con el bastón la pierna ortopédica
o pata de palo, como decíamos los chicos,
me gritó, con un bramido: Was machst du denn hier???!!!
En ese momento descubrí lo que sentían las almejas.


© Alicia Márquez

Poema de Carlos Satizábal




ÉXODO

En estos altos valles no ha brotado agua una
sola vez en noche o día, y sólo blanca muerte
y negras calaveras vela la sangrienta luna.
Cantan en olas huyentes su más trágica suerte
largas caravanas, y sueñan vivas con un lago
puro. Ondea en sus sienes el polvo por bandera.
- ¿Es lluvia que se acerca ese rumor distante y vago?
Piensa ardiente el pueblo en sus cantos de la espera.
Pero el sol ya vislumbra en soledad, tras montañas
orientales, sordas horas rojas de inclemencia.
Somos fuego y agua, y sobre el mar arde el arado.
¿Qué hondos horizontes de vacío y demencia 
buscamos? ¿No nos bastan, amigos, las hazañas
de la muerte en los valles furiosos del pasado?


© Carlos Satizábal

Poema de Clarisa Ollivier




Espero en el extremo del muelle
Miles de barcas comercian silenciosas
Miles gozan miles empobrecen
Miles de barcas nada saben
El gran comercio aturde siempre
Sigo de pié
Esperando en el extremo de aquél muelle
Me atrae el sol
Me atrae la neblina que me anima mas no salto
Aún mi barca aún mi vela no llegan
Apuran las horas los días lentos pasan
No estoy solo en el muelle
Éste es tan vasto
Como los ojos que observan sin frío y sin sed
Espero en el extremo del muelle
-Ya te lo he dicho-
Pero hoy he avanzado
Ho trovato -trovadore morto- la Antica barca
Barcarella bianca barcarella chiara
Aquella hecha sólo para mí
Pintada con tu nombre en la proa
Yo y mi barca y el sol y la niebla
El mar y mi hoy indefinido
Entonces
Invito al Cristiano y al Estoico
Por una guía junto a sus miradas
Ninguna respuesta ninguna pregunta
Ninguna duda
La muerte ya me ha atrapado
Espero en el extremo del muelle
-Ya te lo he dicho-


© Clarisa Ollivier

Poema de Eduardo Alberto Planas


La niebla oculta la belleza
del color, la luz y
el dolor de creer que nada duele.
Pero sí,
duele la comedia de la inocencia,
la incertidumbre del tiempo,
los desechos de amores olvidados.

Vivimos a pesar
de lo que nos fue quitado.
Vivir es el grito
que alumbra nuevas esperanzas.



© Eduardo Alberto Planas

Poema de Alejandra Leonor Parra

  

No creas nada de lo que digo
Soy alcohol en  la herida
Bajo  la palabra , presa
Sobre los  pies , bruja

Desde el vuelo, estrechez

Perra apenas
si me capturaras en una estrofa




© Alejandra Leonor Parra

Poema de Diego Bennett


Reglas

Ella contaba los centímetros
medía los encuentros
la exactitud de las proporciones aúreas
cuatro sobre tres
Acompasábamos las sábanas en hilarantes desatuendos
entorpecíamos la magia con fórmulas de fracciones
fracciones de fórmulas
números de trapecios
hamacándonos las ganas
con juegos de latitudes y horizontalidades
Nos burlábamos de nuestra propia incontabilidad
Es imposible contar así
no, vos sos lo imposible
Ajetreábamos el paso al caer la noche en la penumbra
para escondernos
escapaba de las nubes
La fórmula era agua dos O más gases varios
de la galaxia incomprensibles
Nos incomprendíamos de a ratos
vos decías
Reglas
Se rompen se acatan
se arregla
Arreglábamos las fórmulas
nos arreglamos como podemos
con lo que no tenemos
¡arreglate!


© Diego Bennett

Poema de Claudia Ainchil




ATURDIENDO

Representación aturdiendo
rastreo para incitar a las mañanas
mutismo que se percibe mientras dormita todo
una partida de ajedrez en el Río de la Plata
continuidad mágica de lo usual
partiendo cada ventana sin furia
ni traducciones de lo que uno siente
inmediatez de dragones soltando bocanadas
amor
real
atropellado.



© Claudia Ainchil

Poema de Ana Romano


De pensamientos 

Colérica
con recelo
advierte
a los tejedores

Y gira
cobijada por espuma.



© Ana Romano

Poema de Aníbal De Grecia




Mi cuerpo envuelto en madera
Nace en la boca del dios que me espera en posición fetal.



© Aníbal De Grecia

Poema de Cecilia Glanzmann



Hacia el alba

El agua mansa y trajinada de los días.
El desvelo de las mariposas.

Pareciera que nada pasa
mientras el preludio del alba
avanza.



© Cecilia Glanzmann

20/1/18

Poema de Natalia Litvinova



HUECO EN PIE

Hay días en los que río con mi risa triste. Mi risa
equilibrista que cae, me río entonces con el fracaso,
risotada de tronco hueco que se mantiene en pie
por lo que alrededor florece.

Hoy soñé con mi abuelo, estábamos capturados. Nos pedían
concentración, que tocáramos música y que nos peináramos
los unos a los otros. Nos obligaban a construir pianos
antiguos de madera. Por las noches nos vendaban las manos
para que no crecieran, porque pequeñas y delicadas
sirven para llegar hasta las cuerdas.

Mi madre decidía el lugar de las cosas. El jarrón de acá para
allá, el sillón, los cuadros, mi padre. Y cuando yo intentaba
crecer, zas – zas, cortaba los caminos de mi pelo.

Huele a gasolina y hace frío. Tengo miedo de encender el fósforo.
Va a llover nieve sucia. Estoy en un pueblo abandonado de
Europa del este, estiro el vestido para taparme. Una anciana
que lleva una gallina en los brazos tropieza y cae de rodillas.
El ave que no sabe volar es arrojada al aire.


© Natalia Litvinova

Poema de Patricio Emilio Torne




VER PARA DECIR

Más he querido ver
y más
confundí lo que existía.
Fata Morgana espejismo
o ambliopía da igual
ante la imposibilidad
de reconocer
lo que en verdad
se mira.
Ahora es imposible
distinguir entre  luz
y claridad
sombra
y ceguera.
La falta de certeza
corroe el lenguaje
y no es que me niegue
a abrir los ojos
para hablar
correctamente.



© Patricio Emilio Torne

Poema de Norma Etcheverry


Insectos II

Entonces cae la noche
y no somos más que sombras chinescas sobre el mundo
cementerio de nada
flores quietas
bajo el golpe efímero del agua.
Cada mañana, como las mariposas
insectos de luz
volvemos a creer en la mundana concuspicencia
de los días.


© Norma Etcheverry

Poema de María Marta Donnet




Historia de un cadáver 

Escribo este poema con los huesos 
-olvidada tumba en la solitud- 
silencio que recorre heridas de témpano 
en este invierno enterrado en el cofre 
-añeja la memoria y la máscara- 
pudriéndose entre los tules. 
Tules blancos en la carne. Ya no. 
Tan sólo larvas. Larvas que mastican 
hasta lo irreparable. 
Solo y olvidado. 
Yo mismo soy mi mismo frío 
mi misma soledad me abriga. 

Mi misma soledad.



© María Marta Donnet

Poema de Dolores Pombo



Sin amparo 
se cubrió la cara 
con la mano herida 
cortó sus huellas 
en horizonte 
de sangre 
detrás de 
esa mano 
no existe refugio 
ni amparo 
solo 
desolación



© Dolores Pombo

17/1/18

Poema de Lidia Vinciguerra



Digo Dios
y me ciega la inocencia.
El imán de los clavos.
La sangre. Las espinas.
Y a todo lo que llaman Judas.

Digo Judas.
Me tapo los ojos para cegarme, cuando lo digo.
Retiro el mandato sangrante,
aíslo de uno en cien los clavos que roblan conciencias.

Digo hombre.
Observo la punta de los cactus,
los pinches del rosal,
la sangre del dedo pulgar
que me señala
cuando digo mujer
qué has hecho con tu vida.

Vuelvo al inicio,
digo Dios.
Más tarde, Judas.
Hombre digo,
creación, pecado, milagro: y anuncio la conciencia.



© Lidia Vinciguerra

Poema de Daniel Quintero



Fijación

Duermo con el mundo encendido
con el alma pegada al vidrio
de tanta debilidad sobrepuesta

duermo pequeño
cualquier susurro me despierta
cualquier intimidación que se haga sombra
duermo con el mundo encendido
como si fuera la luz de una lámpara inagotable
que me acaricia la frente
para no temer por el descanso de los muertos

duermo del lado más peligroso de la cama
la sábana es un cielo que no termina de cubrirme
todas las noches le doy cuerda al tiempo
ajusto mi corazón para que amanezca gentil
para que el mundo encendido en sus vueltas
de tu ausencia y la muerte no me tome despierto.


© Daniel Quintero

Poema de Francisco José Malvárez


DESVELADO 

   la antorcha encendida, desvelado
el fantasmas de ser fantasma, caminó sobre mi pecho hasta desvelarme
y claro, mañana seré anfitrión en una farsa
será visible para los invitados
seré el que no soy en un lugar donde no existo
mañana seré pareja en la casa que compartíamos
una absoluta irrealidad
pero así nos verán todos y todos contentos
sólo que yo seré la imagen visible de un inexistente
el fantasma, el mismo que hace un rato me despertó
el que caminaba sobre mi pecho aplastándome con su peso letal

   la antorcha esta prendida
más nada ilumina, al punto que ni sombra doy
será que ya no estoy y soy un vago recuerdo que aún levita?
siento la rajadura quemándome el alma!



© Francisco José Malvárez

Poema de Mónica Angelino


paco paco 

como un zángano tras tu muerte 
noches feneciendo en los brazos del humo 
tu cerebro 
xilofón desafinado 
neblina radioactiva que te va quemando los ojos 
pocos fósforos te quedan en la caja 
y aun así 
morirás adorando 
un pantocrátor apócrifo.



© Mónica Angelino

Poema de Daniel Baruc Espinal Rivera

  

P R I M E R  C Á N T I C O D E  P R O S E R P I N A

Afuera llueve, asfalto: luz mojada.
Agónica sombra en la mirada.
Música de espadas y alfileres.
Y la lluvia duele muy adentro cuando cae.

Fruición de carnes como palmeras.
Dormición de nieve.
Alerta siempre el fuego en el abismo.
Uno mismo es un bosque y no lo sabe.
Talar es el oficio perpetuo de la muerte.


© Daniel Baruc Espinal Rivera

Poema de Flavia Soldano Deheza




de dónde venía el galope sino de la noche olía a demonios
pampa incrusta al sol acechando las mañanas
amanece
a lo lejos
silban campos de matanza
los caídos a la muerte no están muertos   solo yacen y esperan el entierro

ves cómo púan sus manos alambradas   en bolsillos de hielo
murmuran inútiles cartas
Stalingrado es tumba abierta
amanece
ensillo mi yegua digo su nombre
Andrómaca
cruzo los braceros las murallas
quema la pampa


© Flavia Soldano Deheza

Poema de Claudio Simiz



Soneto

Vas a llegar a mí un día de ésos
Desandando uno a uno tus cerrojos:
Navegarás furtiva hacia mis ojos,
Naufragarás a orillas de mis besos.

Vas a llegar a mí, no habrá regresos
De nuestros corazones como abrojos;
Te reconocerás en mis despojos
Que ya saben a vos, de puro presos.

Tu presencia va liándome las venas
Y en vez de corazón, me late apenas
Un capullo con pétalos de acero.

Tu ausencia es quien me alumbra y quien me nombra.
El día que te encuentres con mi sombra
Comprenderás, tal vez, por qué te espero.


© Claudio Simiz

Poema de Vilma Sastre


MI VERDE          

Donde al fin quede libre sin saberlo yo mismo – 
                     Luis Cernuda


mi verde tan quieto
una luna en mi raíz
y ese silencio mío
                     mío
donde me crece el nombre
¿eso es todo? –pregunta

pausa

curvo los labios y aflora una mueca
no nos entendemos  -digo
(pero no lo pronuncio)
la otra voz sacude sus hombros
y se marcha sin ver la luna



© Vilma Sastre

Poema de Patricia Berho


Al  Frente de artistas del Borda 
                                          
                      Aunque interno, soy externo por el Arte.

Huyo de  la mano represora
Me persigue en la noche
Me adelanto dos pasos, se adelanta dos pasos  siento su mano huesuda, que busca atraparme
La oscuridad toma formas
Es el sistema con su roña

                                   

© Patricia Berho

Poema de Marta Cristina Salvador


A LOS EGRESADOS…

Hoy convergen las luces
en las grietas mezquinas
  de la sombra.
De los presentes.
De los que ya no están
en la angosta agonía de la vida.
En la desmesura desesperada
de nuestros ojos cansados,
dedos extintos, raíces desnudas
que habitan nuestros pies.

Entonces, no se alcanza a comprender
la perplejidad de la vida…
“Juventud”…ya no estás,
fuego inseguro de la existencia.
Confiscaste nuestros días.
El corazón presuroso,
pulsera de pájaros ya idos
en azul estaño, en el frío y  húmedo cristal
de lluvias invernales.
Trepaste hasta el borde
de una lágrima agotada.
sin embargo, hoy vibra nuestro pulso.
Una llama concibe el abrazo perdurable,
allí, en la angosta calle que nos queda…



© MARTA C. SALVADOR

16/1/18

Poema de Silvia Arazi

  

LA GATA PEQUEÑA

Ana María Ludueña
es una gata pequeña

muy
chiquita
muy
chiquita

Tan pequeña es esta gata
que se esconde en una lata

Sabe hablar bien italiano
ruso latín y rumano
baila en todos idiomas
y camina en una mano

Ana María Ludueña
es una gata pequeña

muy
chiquita
muy
chiquita

Tan pequeña es esa gata
¡que algunos la creen rata!

Ella no escucha esas cosas
-es gata muy orgullosa-
y aunque es un poco bajita
sale a pasear en cajita

Sueña con ser una estrella 
de cine y televisión,
usar pestañas postizas  
y botitas de visón

María Laura Ludueña 
es una gata pequeña

muy
chiquita
muy
chiquita

Hay quienes la creen rata
porque duerme en un cajón
su cuerpo cabe en la lata 
pero no así su ilusión



© Silvia Arazi

Poema de Walter Mondragón


MI CARTA DE CIUDADANÍA

Vivo en Babia, lo sé
Habito en Otra Parte
Ese lugar distante de la Tierra
Fracciones luz
Absorto en el asombro
O el horror
                   (según sea)
Una motocicleta poderosa
                   (polo a tierra en la vía)
Me para a diez centímetros
De una muerte conjeturada ya.
Sobreviviente del ahora
Solo temo
Cambiarme de morada
                    (antes de tiempo)
Suscribir
Hacer parte;
Estar en Este Lado
Al que no pertenezco.


© Walter Mondragón

Poema de Martha Goldín

                                       

Te recordaré siempre

                                                                                   
                         a mi madre 

                                                 
    Oscurece y te miro. Estás dormida.                                           
Trato de respirar tu aire. Estoy tan cerca.                                            
 Soy muy joven. Tengo quince años .                                           
Tendré que recorrer un largo camino sin vos.                                              
    Imposible imaginar mi vida de esa manera                                      
          Respiras. Escucho tu respiración.                                             
 Si dejo de mirarte te irás. Si no me duermo,                                             
 si te miro, te tendré un tiempo más



  Voy a resistir el sueño,                                           
voy a seguir contando las líneas de tus manos.                                            
Las voy a recordar  siempre.                                            
siempre recordaré este dolor de perderte 
No permitiré que el tiempo te desdibuje,                                           
 no permitiré que el tiempo me lleve a olvidar                                                  
        este instante en el que estoy a tu lado,                                           
respiro tu aire                                                                   
         cuento las líneas de tus  manos

© Martha Goldín

Poema de Clelia Bercovich


EL POEMA NO SABE 

Qué es  ser poema?  Una loción   del Mar Muerto¨? 
Es necesario buscar  los  insectos de la noche, 
 de  un rincón oscuro 
 de nuestra propia casa. 
 ¿Alimentar su gula? 
No se  sabe si otra noche de insomnio 
será suficiente sacrificio. 
El  poema es  como un dios azteca 
Exige más y más de lo que ya le diste. 
Que  se revele  la pasión  que  nunca  alcanzo 
Algo me clava un pie sobre el otro, lo vi en la Cruz. 
  Yo  sólo sé caer y caer. 
Que se libere el poema, ese,  extraído del  Mar Muerto. 
 barro o arcilla sobre todo lo seco. 
Lo inerte.  
Qué  más  que la mano en tu mano 
Sonreir a veces  y  una dulzura repentina 
 iluminará los almanaques 
El poema sos vos . 
Lo demás, nada. 
                    Añadidura.


                  a un  poema de Gabriela Yocco 




© Clelia Bercovich