7/12/16

Poema de Alejandro Mendez Casariego


El Enemigo 

Este hogar fue arrasado algunas veces
y otras tantas  lo hemos reconstruido.
Era la guerra: el  enemigo era real y mensurable,
nos dejaba su nombre, para que no olvidáramos.

En tales ocasiones te vi inclinado
como en reverencia ante alguien importante
tratando de unir los pedazos del cuenco del té
con devoción untuosa.
El vapor de la infusión derramada subía
desde las esterillas desgarradas, los jirones
del papel de la pared
se abrían como pétalos hacia el cielo en llamas.

Algo terrible pero hermoso
Sobrevivía   en aquella destrucción

Amé a aquel hombre que cuidaba su hogar.

Entonces vino la paz, y recordé las palabras de mi madre
“ No hay paz para el guerrero, solo sombras”
Así fue que este hogar fue profanado, con el tiempo
por enemigos invisibles
que se escondían  tras los biombos
susurrando los misterios del mal
con voz tan dulce, que llegaste a creerles
como le creías a las máscaras airadas de demonios
clavadas en los muros, a los duendes
tallados en marfil, y a tu perfecta colección
de bushis, alineados y alertas
sobre el altar de los antepasados.

Este enemigo sopló venenos intangibles
que me inoculaste en cada gesto
hasta que fuimos cenizas sin memoria
y ningún nombre quedó entre aquellas ruinas
para poderlo recordar.

O tal vez solo el tuyo, que también olvidé.


© Alejandro Mendez Casariego

Poema de Liliana Chavez




He pasado toda la noche
hablándome
sacudiendo los lugares
cubiertos de sombra y polvo
cuestionándome
por lo que tengo y no cuido
por aquello que arrojo y sirve
por lo que olvido en una cesta transparente
He pasado la noche
intentando cerrar poros y ojos
a territorios que son del viento
para poder reencontrarme con la luz
oír el paso de la esperanza
como quien escucha el habla del mar
por primera vez
nada ha caído en saco roto
he desprendido de mí las hilachas absurdas
recobrado el necesario silencio
desmoronado las construcciones inútiles
me he despertado
con antojos de ciego
queriendo ver todo a colores
nuevamente


© Liliana Chavez

Poema de Inés Legarreta


Teniendo en cuenta la variedad de
pesares y de dichas
cómo saber
si soy feliz
o apenas tengo
una contentura mediocre/ de la burguesía/ aclimatada/ al mal clima
bien vestida/ mal pensada/ egoísta
pero
la felicidad no se reparte como caramelos
el que diga lo contrario miente
la felicidad es un acto íntimo – tu palabra – una sola palabra -
el llamado exquisito en el bosque de los cuentos/ parque/ carrousel de las ilusiones
para alentar la esperanza
de estar vivo
que se expande por el universo
big bang
coman o beban en copas de cristal/ en vasos de plástico o en envases de tetrabrick en una esquina entreverada de la villa 31
o en recoleta bay
así que no hay que preocuparse – me digo-
la felicidad tiene
su propia manera de mostrarse
porque es tan
poca
que no hay duda
y en general
está muy presente
cuando se ha ido


© Inés Legarreta

Poema de Víctor Marcelo Clementi



Culto

Bajo esta sed de antorcha
los remolinos no alcanzan
algo me desglosa en los vórtices del sueño

allá, por la sensualidad que apresa y no libera
adicto a fantasías desnudas
me oculto en la penumbra de un  Rembrant

desde que el tiempo me nació
actúo empatía
sujeto a ciclotímias

¿fantasear o parodiar?
tal es el flujo del deseo que muere al convocarse.


© Víctor Marcelo Clementi

Poema de Liliana Majic


los ojos andan por una calle que tiene piedras
debajo de otra capa desconocida
habían visto eso en Europa
Mitre se llama
llegan a un espacio lleno de árboles
con una estatua de un hombre a caballo
es familiar         piensan
al frente           una catedral
a la derecha             una vidriera y libros
decididos
se perdieron entre mesas y estantes
de la librería Ramos


© Liliana Majic

Poema de María Lanese


Isla de Elba

Cárcel de mis temores
destierro de mi pena
tu voz
              pidiéndome
                         “No te vayas”


© María Lanese

6/12/16

Poema de Patricio Foglia


Desde el muelle, parecía tener unos
quinientos años.
Primero vi algo informe
acercándose
desde lo alto de un médano
y después descubrí
un antiguo traje submarino
que avanzaba con dirección a las aguas, al calor
del atardecer en la playa.



© Patricio Foglia

Poema de Osiris Mosquea


Algo que duele  

El cielo es un mar suspendido. Lentamente se vacía sobre la ciudad a goterones infinitos y dolientes. La lluvia es un telón que cae desgarrado por su bóveda agrietada y va rompiendo las cosas en su caída. 


Esta noche llueve como nunca 


Mi corazón de búho y amapola 
tiene aires de noviembre 
de la arcilla que viaja en la pupila rosa de la tarde 


Llueve tanto que hay algo quebrado 
algo que duele en Nueva York.



© Osiris Mosquea

Poema de Alicia Corrado Mélin


No me olvido
que olvidaste.
Juego tu juego
miento tu mentira.
Giro gigante
que me envuelve
en tu vuelve.
Sueño mis sueños
pido gancho y un respiro.
Expiro.
Ex.
Piró.


© Alicia Corrado Mélin

Poema de Oscar Perdigón




Jugamos a ser inocentes
a escribir en el barro
eso que nunca vamos a concretar

Nos arrastramos
hacia el fuego de la locura
por caminos que el tiempo
nos ha mostrado una y otra vez

Nuestra oscura condición
nos obnubila
y nos está suprimiendo
del planeta


© Oscar Perdigón

Poema de María Silvia Paschetta



Detrás de la cancel/ acaso
el claustro
lo inmóvil de aquel grito silenciado

(no hay mirada de afuera)
(no hay testigo)
(no hay posible socorro)
(no milagro)


© María Silvia Paschetta

Poema de Miguel Oyarzábal

  
En los poemas 

En los poemas,
no hay espacios vacíos.
Son mis ausencias,
que insisten.



© Miguel Oyarzábal

Poema de Alba Estrella Gutiérrez


"la gringa" 

pedacito de algodón
amarilleando la tarde
la pena del corazón
está guardada en el aire
pedacito de algodón
y hamaca que a pura ganas
lleva el viento en sus espaldas
una maga la contempla
sueños y grillos del alba
y otra en silencio la escucha
borroneando una guitarra

vulnerable de silencios

"la gringa"

es abrazo de dignidad y respeto

y el aire delantalea sus miedos

pedacito de algodón
  



© alba estrella gutiérrez

Poema de Beatriz Minichillo


Trabajos 

Hay que trabajar el amor
levantarlo de a poco
beso a beso,
cansancio a cansancio,
abrirle las ventanas
como ojos codiciosos,
aspirar el aliento
y la desazón
y crecer, crecerlo,
ayudarle en su paso
vacilante
y soltarle a tiempo
las manos
para que siga libre
como un grito que no cesa
y tenderle los brazos
y el espacio
para que corra ligero.
Y sin despedidas
dejarlo ir, dejarlo ir
cuando sea necesario.


© Beatriz Minichillo

Texto de Walter Mondragón


A PRIMERA VEZ

Me olvidas fácilmente …a cada nuevo encuentro me toca reconquistarte, Margarita! Me late que lo haces porque nuestros besos suenen a primera vez, todas las veces.


© Walter Mondragón

Poema de Alicia Cora Fernández


FARO 

La luz del día deja ver la línea exacta del horizonte, 
Ese horizonte que está empezando a incendiarse como yo. 
Después de una noche de tormenta, salgo al campo 
y el pasto mojado, se empeña en mojar mis pies. 
No llueve, no hay cantos de pájaros madrugadores 
Pero estoy sintiendo un escalofrío que me cala los huesos. 
Tengo todo el tiempo del mundo para mí, 
podría regalarlo porque realmente no sé que hacer con él. 
En la oscuridad las horas, transitan lentas, 
como dándole un significado especial a mi soledad. 
Alguien me dijo una vez, que el alba se lleva los fantasmas, 
yo, a los míos los tengo tatuados en la piel. 
No son buenos ni malos, son sólo eso, fantasmas 
y como a tales tengo que tratarlos. 
Con el paso de las horas, se divierten conmigo, bailan, cantan 
y hasta recitan viejos poemas olvidados. 
Mis viejos poemas… 
aquellos que recitaba para leérselos a tu oreja escuchadora y pensar que te gustaban. 
Siempre como temática imprescindible el amor, 
ese amor inolvidable que aún hoy después de tu vida sigo teniéndote. 
Recojo de la tierra, un azahar del limonero que se perdió en la vorágine del agua cielo. 
La huelo, la pongo en mi boca, la mastico, 
su aroma y su sabor son míos, tan míos como tu recuerdo. 
Uno de mis fantasmas, me sigue callado, volando muy despacio a mi lado. 
Otro me alisa el pelo, me peina suave, pacientemente, con un brillante peine de escarcha. 
El último, me toma de la mano y me lleva hacia tu luz. 
No me enojo con ellos, porque acabo de comprender que si yo estoy aquí, 
es porque vos todavía no abandonaste mi vuelo, no emprendiste el tuyo y nunca dejaste de darme tus caricias. 
Ahora siento que es tu luz la que me guía como un faro en la tormenta.




© ALICIA CORA FERNÁNDEZ
Imagen enviada por la autora del poema

4/12/16

Poema de Sandra “Tana” Pasquini

 


Voy encendiendo lámparas en la noche
para que la mordedura del tiempo
no te lastime las costillas
izando su desesperado malacate
por los corredores del invierno
tratando de mantener a salvo los recuerdos
la levedad de su materia/ su discreto temblor
podríamos (ahora) otra vez hacer detonar
la lluvia a medida de nuestros cuerpos
anudar finamente su leve cordel a nuestro lecho
los dos oscuros frutos trepidando sobre el agua
encallando secretos versos en la boca
agitados por el ritmo frenético
de las palabras que nos ponemos en la lengua
por el vaivén violento con que (otra vez)
la madrugada nos empalma las caderas.


© Sandra “Tana” Pasquini

Texto de José María Pallaoro


ANIMALES

     ¿Han visto tendido en el jardín a algún animal llorar sus pecados? Veo el inundar de sus ojos en la gramilla acristalada. Una mujer queriéndolo alimentar con sopa de verduritas y especias. El pecado no es original, una copia inédita de madera de cajón de manzana. Durmió entre las paredes y creció hasta hacerse encima del pis y del olvido de una insistencia que nunca cumple sus promesas. Y ahí está el pobre. ¿Lo han visto? Cierren los ojos, imaginen un espejo.


© José María Pallaoro

Poema de Susana Szwarc




DEFINICIÓN

Alza el balde. Se pregunta
cuál pesa menos, un lleno
o un vacío. No alcanza
la respuesta porque ve
otros ojos. 

El observador determina
que semejante situación:
la sequía, el calor, pero
sobre todo el largo trayecto
con baldes repletos,
es dramática para una mujer.
Mientras la mira
caminar con los baldes
le informa: es un drama. 

-Pesa vacío. Lleno pesa menos,
dice, la del balde
y ofrece agua. Silencio. 

Junta.
Envuelta en la mirada
que le avisó, su andar se hace
pesado. Tiene sed.


© Susana Szwarc

Texto de Patricia Corrales




No me encuentro con la forma , esa bella manera de ver el espanto hasta con amor
El tenía un semblante de niño alegre, gigante y hermoso
hasta que su mente recibía elixires prohibidos
Entonces todos los perdones encontraban una fuga


© Patricia Corrales

Poema de Pablo Albornoz


el amanecer
un rayo de luz quiere
limpiar el mundo


© Pablo Albornoz

Poema de Sandra Gudiño



Mujer-desaparecida

Adverbio sin conjugar
en la cara del verdugo,
fuga la inocencia sin misericordia
por el pasillo de tu noche
y te contempla caída.

Bóveda de huesos abandonada
el olvido trepa por las venas secas
y de la boca cae la sal
de una sola lágrima.
Descubres que es real
lo que ya no existe.
Rompecabezas sin piezas
para armar.
La piedad sin ira en el bolsillo
alimentó tus últimas gotas
de tiempo a contraluz.
Vagamente
guardan tus pestañas
la causa de tu causa vacía.
La libertad tiene sueño
en tu sueño dormido.
Poco queda de ti:
pelos, uñas,
un recuerdo hecho sombra
en la sombra de tu aliento,
hilachas de la piel, encanecidas,
nostalgias del rostro extraviado
en el rostro de rodillas frente al espejo.
Libélula sin nombre, entumecida.
Nada, o casi.
Los ojos de los hijos de tus hijos
recorrerán las calles,
buscándote.
Te reconocerás en el barro
de esa huella.
Señal.
Estigma de resurrección,
se alza desde la cadencia leve
de tus pasos alejándose
en la historia.
Poema del desgarro
al borde de mis labios.
Y tu sigues allí,
esperando por ti.


© Sandra Gudiño

3/12/16

Poema de María Belén Silva



INVOCACION

Solloza el sax de Charlie Parker
Y yo te llamo
Te invoco
Para que me des palabras
Las acertadas
Para que sigamos expulsando
Dioses y demonios
Con la tinta sobre el papel.
Que caigan las máscaras
No existe lo inenarrable
Sino cobardía para narrar.


© María Belén Silva

Poema de Teura Roja


Nueve mujeres
Jerez en sus colores
originales como el arco iris.
Caprichosas en el buen trato
sabias pescadoras de los sabrosos frutos
diluidos en los paladares exquisitos
de quienes aprecian sus compañías.
Nueve caderas ensanchadas
en acunar rocíos
nueve lunas
meciendo renacimiento
de sus propias y ajenas historias.

© Teura Roja

Imagen Enviada por la autora del poema

Poema de Susana Giraudo

 


DESTINO DE PALABRAS 

Vengo de un tiempo
que pide registro.
Tiempo en el que un hombre
ahogaba a su mujer
en un mar de ternura
tomándola de entre las piernas
hasta asomarla a sus ojos

Desde la humedad del pubis
ella echaba a volar
enjambres
que murmuraban
reina
miel
nupcias
alegría siempre
progenie siempre
risa
alarido
vida.

Así los lunes
miércoles y viernes
ella armonizaba palabras
para los dos
y las ponía a bailar.

Los martes y los jueves
sacaba en bolsas de plástico
vocablos basura como
resentimiento
odio
rivalidad
castigo
vitupero
veleidad
insanía.

Un hombre se llevaba
los martes y los jueves
las bolsas cargadas
en su bicicleta y
emprendían juntos
el aciago destino.




© Susana Giraudo

Poema de Jorge L. Carranza


Afuera llueve

¿ Qué hacer?

¿Salir a mojarse
y chapotear en los charcos
pura risa como en la infancia?

¿Mirar tras la ventana
todo lo que se pueda
hasta que se lave
la melancolía?

La conciencia traspasa el vidrio
llega hasta el niño
que sigue ahí 
en medio de la lluvia
y vuelve a quien
sabe de la precariedad.

El corazón se mece.
 Se hamaca.
Piensa.

Allí están
inmóviles
hermosos
bajo la lluvia
los que se fueron.

No hay pena ni tristeza en ellos.

Ahora llueve con sol.

No se.
Eso creo.
Me parece.


© Jorge L. Carranza

Poema de Susana Zazzetti


después de haber pasado por
la furia.
la crueldad ajena de la indolencia.
el veneno de lenguas espumosas.
cercanos escorpiones.
tengo deseos de que
llueva repentinamente
sobre la desnudez de mi espalda.
siento que estoy         
                     i n t a c t a 
                                  por primera vez.


© Susana Zazzetti

Poema de Leonor Mauvecin


SE AHONDA EN LETANÍAS LA TARDE

Se ahonda en letanías la tarde y el sol es un surco.
La niña de los ojos pardos, Elena.
La del pelo rojo ensortijado, reza y espera.

Espera y no sabe.

Detrás de los cercos de los chañares
Elena, su abuela y su madre
en la casa en sombras
solas
tres mujeres ven morir la tarde.


© Leonor Mauvecin

Poema de Ana Romano


Culata

Degrada

Vagabundos

El golpe
certero.


© Ana Romano

Poema de Jorge Moreno de Los Santos


Entiendo al cansancio
como líquida sombra,
como derrumbado paisaje,
como helada quietud
en los salones de la conciencia.
Las palabras: que absurda
vanidad que nos vence,
que desesperado intento
de expresar el pensamiento.
El amor vencido por la muerte:
es la triste canción de los violines.
El insufrible calor de lo incierto,
la mentira del poema y su fraqor,
el carmín perecedero de una duda,
El inútil consuelo
de las cosas hermosas
que encendían los gestos.
La amarga alondra de lo inevitable, de lo frágil,
de los espacios que renuncian a desvivirse.
La claridad es una hoguera permitida,
la dicha una violencia necesaria
y la ceniza una aventura imperdonable.

El amor vencido por la muerte:
es la triste canción de los violines.
Acaricio la paz de los momentos
cubiertos de desamor y de glaciares;
huyo hacia los estanques
olvidados por los héroes
y recojo las hermosas historias
que las ranas me traducen
con tristeza de sabios ignorados.
Oigo a los mundos
desvestirse de vértigos y esencias;
a los psiquiatras disparar
los ángeles que vuelan bajo.
Oigo la ternura desatendida,
el sonido del cierzo y su equipaje de chatarra,
el chantaje de la templanza.
Y sólo
entiendo al cansancio
como la inútil espera
de lo que habrá de venir sin sorprendernos.



© Jorge Moreno De Los Santos